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Ciencia, ¿para qué?

 

 

Con mucho gusto escribo las siguientes líneas para dar la bienvenida a este espacio esperando que tenga un excelente recibimiento por la sociedad. En esta ocasión, abordaré brevemente el tema de por qué es importante invertir en ciencia para lograr la generación de empleos y el desarrollo de una sociedad. El ejemplo en el que me concentraré será el del descubrimiento de ciertas moléculas de ácidos nucléicos pequeñas llamadas siRNAs, las cuales en los últimos diez años se han posicionado como una promesa para la cura de muchas enfermedades.

En el año de 1998, el grupo liderado por Craig Mello descubrió —fortuitamente— algo que muchísimos científicos alrededor del mundo habían soñado hacer: inactivar genes de manera específica en organismos vivos. Mello y su grupo lograron dicha hazaña introduciendo moléculas de ácido ribonucléico (RNA, por sus siglas en inglés) de doble hebra en un gusanito, cuyo hábitat natural podría incluir cualquier charco de agua sucia en cualquier ciudad del mundo, llamado Caenorhabditis elegans (C. elegans, para los cuates). Este hallazgo fue publicado en la revista Nature [1], e inmediatamente llamó la atención de muchísimos científicos alrededor del mundo. Primero como una herramienta muy poderosa para inhibir genes, y segundo como un fenómeno muy extraño e interesante: si al introducir RNA de doble hebra se provocaba la inactivación de un gen cuya secuencia era complementaria a este, significaba que las células contienen una maquinaria molecular que lleva a cabo tal fenómeno. Por lo tanto, la maquinaria probablemente actúa constantemente para provocar un efecto parecido, pero de manera natural, y no inducido por la mano del hombre.

Las cartas estaban puestas sobre la mesa. Decenas de científicos en el mundo se lanzaron mar adentro y comenzaron a tratar resolver el enigma, entre ellos David Bartel, y dos colegas suyos que hacían una estancia postdoctoral en su laboratorio, Thomas Tuschl y Phillip Zamore. Tom y Phil, diseñaron una serie de experimentos para saber exactamente cuál forma del RNA que introducían era la que causaba el fenómeno y usaron como modelo experimental a Drosophila melanogastermejor conocida como la mosca de la fruta—que es la misma que vuela sobre el frutero cuando la fruta está madura.

Después de meses intensos de trabajo, los investigadores hicieron un hallazgo fascinante: lo que disparaba el fenómeno que habían descubierto Mello y sus colegas, eran unas moléculas pequeñísimas de RNA de doble hebra, las cuales interferían con los genes que ellos escogían, a las que llamaron siRNAs (del inglés Small Interfering RNAs—RNAs Interferentes Pequeños); por lo que muy pronto, la comunidad científica del mundo comenzó a llamar al fenómeno RNAi (del inglés, RNA Interference—RNA Interferente). El hallazgo y la utilidad de los siRNAs no se quedaron solamente en la mosca, ya que Tuschl y sus colegas probaron si el efecto que veían se reproducía en células humanas en cultivo. Poco tiempo después, abrieron las botellas de champaña: los siRNAs podían utilizarse como herramienta para inhibir genes en humanos [2, 3].

La noticia muy pronto estuvo en los periódicos de circulación en todo el mundo, en los noticieros de televisión y en la radio. Tuschl y Zamore—junto con otros colegas—inmediatamente formaron la compañía Alnylam, y comenzaron a otorgar licencias para el uso comercial de los siRNAs. Se crearon compañías biotecnológicas encaminadas a tratar de aplicar y  expandir el uso de los siRNAs, tanto en animales como en humanos. Al mismo tiempo, se crearon muchísimos empleos, desde puestos para científicos y estudiantes de ciencias recién graduados (químicos, biólogos, informáticos, médicos, etc.), hasta profesionistas de las áreas sociales (contadores, abogados, diseñadores, etc.). Al día de hoy, no existe una sola compañía biotecnológica que no ofrezca algún tipo de servicio relacionado con RNAi o siRNAs.

A un poco menos de quince años del descubrimiento del RNAi en el gusanito C. Elegans, se ha descrito que tal fenómeno ocurre casi en todas las especies eucariontes estudiadas. Lo cual ha llevado a muchos científicos y médicos del mundo, junto con gobiernos y empresas biotecnológicas, a probar los siRNAs como terapia para curar algunas enfermedades, como el cáncer. Los primeros protocolos terapéuticos de RNAi en humanos están dando resultados muy prometedores gracias a la combinación de siRNAs con otras tecnologías moleculares, por lo que muy pronto, la terapia con siRNAs será tan conocida que hasta los niños más pequeños hablarán de ella.

Entonces, ciencia ¿para qué? Seguramente la respuesta más común que el lector de este blog ha oído es porque la ciencia es bonita. La ciencia, y dedicarse a la ciencia es verdaderamente fascinante, pero el beneficio para la sociedad va más allá de la satisfacción personal del científico. En países en vías dedesarrollo es muy común oir que invertir en ciencia es un lujo; salvo algunas contadas excepciones. Por ejemplo, países en vías de desarrollo como Brasil, Egipto, India, ya se dieron cuenta de que la mejor manera de progresar como nación y homogenizar las posibilidades económicas y educativas es invirtiendo en ciencia, por lo que se han iniciado políticas estratégicas de incremento presupuestal para ciencia—así como más facilidades para trámites de patentes locales e internacionales. Esta misma estrategia la usaron países como Singapur, Israel y China años antes, y los resultados son ahora contundentes. La calidad de vida en estos países mejoró considerablemente en alrededor de una década ya que se crearon miles de empleos y se activó la economía. Desafortunadamente, tales políticas casi no ha ocurrido en otros países, como México; al contrario, los presupuestos asignados a ciencia no se han incrementado al mínimo recomendable por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, (OECD—por sus siglas en inglés).  Por ejemplo, México invierte aproximadamente el 0.35 del PIB en ciencia, mientras que Egipto—con todos los problemas sociales que tiene en estos momentos—acaba de anunciar su plan de desarrollo científico y meta para el año 2015: hasta el 2010, asignaban el 0.2% de su presupuesto; después del incremento, la asignación será 0.4% durante el 2011, 1% para el 2012, y 2% para el 2015 [4].

El ejemplo de cómo los siRNAs pasaron del experimento científico en un laboratorio en una universidad, a ser una semilla generadora de empleos, y finalmente una manera de curar enfermedades, es solo uno entre millones. Y es precisamente para eso que sirve la ciencia. Por lo tanto, es muy importante que se entienda y se enseñe la utilidad y el papel que juega la generación de conocimiento para una sociedad. La ciencia—junto con la generación de tecnología—es lo que ha hecho que el mundo tenga una infinidad de consumibles—desde agua potable y medicinas, hasta estaciones espaciales y electricidad inalámbrica. Es solamente con la aplicación del conocimiento generado que una sociedad progresa y brinda oportunidades a todos sus ciudadanos por medio del desarrollo económico y generación de empleos—y esto se debe enseñar e inculcar en todas las escuelas y niveles educativos. Por eso, hay que invertir en ciencia.

 Acerca del autor:
C. Fabián Flores-Jasso es egresado de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica y del Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas de la UNAM, y actualmente realiza una estancia post-doctoral en la Universidad de Massachusetts Medical School.

Referencias:
[1] Fire, A. et.al. Nature 391, 806-811.
[2] Tuschl, T. et.al. Genes Dev. 13, 3191-3197.
[3] Zamore, P. et. al. Cell 101, 25-33.
[4] Butler, D. Nature 474, 266.

 

 

3 Responses to “Ciencia, ¿para qué?”

  1. Estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento; solo me gustaría agregar que la razón de ser de la ciencia no es ni debe ser únicamente para fines comerciales o de aplicación pr actica. Esto es porque la ciencia es en sí misma una manera lógica, estructurada y, por tanto, oraganizada de comprender el mundo y universo que nos rodea, los procesos en la naturaleza y la toma de decisiones en base a un sistema donde se abre una gama de posibilidades creativas que nos acercan, además, a la resolución de problemas, a un comportamiento más responsable y ético, con base a la razón, la lógica y la posibilidad de comprobar o desechar un planteamiento, según sea cierto o falso. La ciencia, es sí misma, ayuda a las personas -a un si no nos dedicamos a ella- a generarnos criterios más objetivos, a formular propuestas y soluciones, a estructurar y organizar el pensamiento, pero sobre todo, a analizar y ser críticos constructivos. La ciencia representa la búsqueda de la verdad, del conocimiento y la comprensión. A mí parecer, estos valores son en sí ya de gran utilidad, dado que una sociedad que razona, investiga, codifica, conoce y analiza será más productiva, menos manipulable y más creativa y prática en la resolución de problemas. ¿Será que nuestros políticos están dispuestos a pagar el costo personal en aras del desarrollo del país?

     
    • Patricia Ivison
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